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Terra
La Coctelera

Seis

Hoy quería escribir algo diferente,
y busqué en la igualdad, la diferencia.
Pensé hacer diferente lo que para nosotros es lo mismo
y soñé, de igual manera, que lo mismo es de por si diferente.
Al final, al ver que solo escribía lo mismo
y que daba igual si parecía diferente,
comprendí que no buscaba la diferencia,
si no seguir contigo, jugando a lo mismo,
y a cada instante diferente

http://www.youtube.com/watch?v=9WSBitGqXd0

La última canción del Pirata

Se enfadó con su esperanza y se arrancó de un golpe el tatuaje de la espalda. Era una espiral tan pequeña como antipática. "Para leerme -dice- debes girar tu cuello y parar cuando caiga al suelo tu cabeza". Su madre le dijo, cuando niño, que había sido pirata en otra vida. Él, tan superfluo en sus intenciones como pluscuamperfecto en sus errores, originó una trama estúpida que finalizaba en el desembarco de un Buque Insignia llamado "Terrifying" -como la canción de los Rolling Stone- en tierras lejanas. Allí, rodeado de ron y canciones tenebrosas acentuadas en su última vocal, moría el temible Pirata.

Vio, en una fracción de segundo, el impulso que debía ejercer para saltar lo suficiente y caer sin dolor alguno. La muerte como un suspiro. Sentía que jamás fue dueño de un momento y quiso apoderarse de aquella fracción para que fuera únicamente suya. Su pequeño tiempo en el aire. Su salto ingrávido a un vacío repleto de miradas.

Revisó los asteriscos que plagaban sus prosas y versos. Allí los dejó, luchando contra el aire de la azotea. En las películas -quiso rectificarse- todo parece diferente. La guapa baila con el tonto y el héroe salva a un anónimo transeúnte que pasaba por allí. En la realidad, tienes suerte ya si el tonto te mira de reojo.

En un viaje de cuatro segundos y medio la historia de aquel Pirata narraba su requiem particular.

Al subir un día al tejado del Nº 84, encontré esta nota repleta de asteriscos y aún luchando contra el aire de la azotea.

"Sobre un alambre de espinas duerme mi sombra
cuando la sangre se derrama,
y tiñe el cielo del color de la derrota"

Historia de la histeria (vol. I)

 Son las efemérides relativas las que suponen un encuentro veraz en las estirpes de este subsidio llamado "ser humano". No es tal "ser" si no "siendo" o "habiendo sido dado" humano, pues no es acto -en términos aristotélicos- más bien potencia lo que la unidad móvil pensante acaece en sus entrañas. Posee, en sus cualidades intrínsecas, el arte amatorio y el impulso sentimental de las sensaciones, pasiones y demás menesteres harto literarios. Esto, a su vez, no significa que tales virtudes (sin adjetivar, claro, el sustantivo todavía) sea intrínsecas al animal bípedo del que tanta filosofía se ha ofrecido. Recuerdo, no sin la nostalgia que un recuerdo otorga a un pensamiento vano, el absurdo concepto universal (como una estúpida y helénica idea) de la sombra de un "siendo humano" que quiso "ser humano" y desde ese mismo atardecer, no vive el resto de sus días, mas prodiga a suicidios lo que resta de su muerte. 

 

PD: En la imagen se puede leer el poema "Cocaine" de Pedro Lázaro. Amigo y hermano al que aprovecho para "abrazar" desde aquí.

La breve historia de Ariel y Guiomar.

 Y tumbados en la cama preguntó, entonces Ariel:
- ¿Imaginas que éste fuera el último minuto de nuestra vida?-  

Yo Saldría a la calle y buscaría un charco. Me mojaría los pies y pensaría: "¡total, mañana dará igual estar resfriado!".
Saludaría a todas aquellas personas que se cruzaran en mi camino. Que pensasen que estoy loco sería una fórmula extraña, pero humana, de gratitud.
Buscaría la manera de despedirme de aquellas cinco personas de las que me quiero despedir. Para todas ellas, el mismo patrón: Si el Todo es Nada y Nada es Todo. ¡No os debo nada!
Pararía a un niño pequeño y le diría: Si mañana te preguntan en el cole "¿Quién es uno y 3 a la vez?"  Responde "Los Beatles". (A George Harrison nunca le hicieron mucho caso).
Escribiría en un papel las siguientes palabras: fidelidad, tedio, fingir, soez, pavor, verdad, soslayo, ironía y servidumbre. Las tres primeras las enumeraría: 2,3,1. Las otras seis las quemaría.
En una de las esquinas del papel ardiendo plasmaría mi epitafio: "La vida es como la CherryCoke: Solo existe si la pruebas. ¿Verdad que parece mentira?".
Y al final, pondría en el MSN el siguiente estado: Ariel salió a comer.

 

- ¿Y tú, qué harías? - Preguntó de nuevo Ariel-
- ¿Yo? -Contestó Guiomar- quedarme aquí tumbada.
- ¿Y ya está? - Dijo Ariel-
- Cuando tú terminases de pisar charcos, hacerte el loco, de dar consejos, quemar papeles, despedirte y dar las gracias, entonces volverías aquí y me darías la mano. En ese momento comprenderías que si alguna vez nos queda un minuto y estamos juntos, será porque los anteriores a ése último han sido los mejores de nuestra vida.

   

Silencio de Gigantes

 Supuso -en algún tiempo- que nada cambiaría y todo, absolutamente todo, perecería junto a su ego y su bufanda en el fondo del salón. Sofá de color negro y cuadros pintados por pseudo-artistas del montón. No hay ni brillantez en las cortinas ni restos de gloria en el parquet. Después de todo, pensó, la calma es el principio básico del bienestar.

Desde la calle se escuchaba la triste melodía del pasar de transeúntes y el compás de los semáforos. Una sinfonía melancólica. Es un cuarto piso pero, en el epicentro de una ciudad como Madrid, todo se escucha en primera persona. Como un escenario que te envuelve y te hace, sin quererlo, protagonista de la obra. 

Su sombra esperaba un halo de luz tenue para reflejarse en la pared. Le faltaban todavía fuerzas para mirarse en el espejo. Con el mando a distancia del equipo de música encendió los altavoces hasta el volumen 8. Ni muy alto para los oídos ni muy bajo para el corazón. Como si todo hubiera sido planeado al detalle, comenzó a llorar en el minuto 1:37. Arrodillado en el suelo esperó a que sonara el teléfono. "Un error. Solo un error" se repitió una y otra vez. El tiempo seguía su viaje hacia el ocaso y allí, dentro del cubículo, la desazón y el miedo se apoderaban de cada esquina, de cada paso y de cada transcurso de la respiración. Las llaves no volverían a sonar con aquel tintineo tan gracioso. Nadie entraría para levantarle y, al ponerse de pie, besarle con la intensidad que solo ella podría haberle transmitido.

Por un instante -o quizá por varios- pensó en la posibilidad de dejar volar sus esperanzas y dejarlo todo atrás. ¡No sería la mejor opción! se dijo en voz muy alta para que esta vez, tanto la acción como la reacción de aquella ciudad pasajera permitieran terminar en silencio aquella estúpida canción. Entendió que nadie saldría ya a su encuentro y, claro, junto a su ego y su bufanda, solo podría perecer en el fondo del salón.

Pollo con leche y "tequila"

En el día en el que uno se entera que su madre tiene facebook y que, inexplicablemente, sabe utilizarlo (primer logro familiar. Su hijo, abajo firmante, desconoce la metodología del caralibro), es precisamente ese día en el que me decido a publicar la segunda receta de Cocina para Dummies. Seguro que mi amigo, aquel que confío la obra de Dickens al hecho su tamaño, está esperando que la receta de hoy tenga, como toque final, el tema que escogió. Desde aquí, mi más absoluto perdón por no hacerle caso. En otra ocasión, como en tantas otras, le haré el caso que le corresponde (que no es poco, todo sea dicho).

La receta de hoy es Pollo con leche y "tequila". Este plato, originario de Italia, lo probé por primera vez de manos de una gran cocinera autóctona. Desde aquí mi felicitación y agradecimiento por su hospitalidad, cocina y, sobre todo, compañía.

- Duración: 15-20 min.
- Ingredientes: (para dos personas): Pechugas de pollo (tantas como un estómago aguante), Aceite, Harina, Sal y Leche [entera]
- Tema empleado: Que el tiempo no te cambie, de Tequila.

En primer lugar, en una sartén, incluimos un dedo de aceite y lo ponemos a calentar. (fuego máximo).
Mientras tanto, echamos sal a las pechugas de pollo con el fin de evitar estar toda la comida con un cuchillo, un tenedor y un salero ¡que uno solo tiene dos manos, oiga!. Rebozamos las pechugas de pollo en harina (sin huevo ni añadidos).

Una vez se encuentra el fuego caliente, añadimos las pechugas de pollo en la sartén, hasta que tomen un color dorado -fracción de medida culinaria empleada por espertos, como yo-.

Con todas las pechugas doradas, las incluimos de nuevo a la sartén y cubrimos todas con leche entera. Bajamos el fuego y, removiendo lentamente, dejamos que el aceite y la leche formen una salsa ¡tremenda!.

Mientras realizamos el honroso trabajo de removedor de aceites y lácteos, damos al play y dejamos que suene el siguiente tema. Al finalizar, tendrás tu Pollo con Leche y Tequila.

¡Que aproveche!

PD: Dedicatoria a Iván, por el momento y las circunstancias. Por deberle un plato y una conversación.
PD2: A la Srta. Anna, de sobra mi italiana favorita.
PD3: A Little Lennon, por hacer este plato y por hacer todo lo demás.

¡Gracias!

El pensamiento de la Escalera Natural

 ¡Aviso! Este texto puede alterar, sensiblemente, el sueño. (Pasar de nada a mucho). Si sigues leyendo es bajo tu responsabilidad.

Cuando la necesidad nos arranca palabras sinceras, cae la máscara y aparece el hombre
Tito Lucrecio Caro.

Hoy he estado leyendo una teoría fundamentalista del Sr. Stanley Bendelac (publicita, conferenciante, publicita, pensador y cualquier cosa aburrida que sea digna de parafrasear en este aún más aburrido paréntesis). "Lo importante no es cómo te caes, si no como te levantas". Claro, he pensado, esto es un titular perfecto para una hipótesis que contenta pero no alivia. No conocía yo en demasía a S. Bendelac y, por tanto, apoyado en el brazo incorrupto de internet accedí a su página web (también, aburrida). Tras un repaso general he caído en la cuenta de que coincidimos en algo: a los dos nos fascinó la obra cumbre de Víctor E. Frankl "El hombre en busca del sentido" -la cual recomiendo desde aquí leer, releer, subrayar y estudiar con detenimiento en cualquier momento de vuestra vida-.

La teoría, sobre la cual leía, tenía como argumento cínico (por no declararlo ad hominem) la doble lectura del concepto: pensamiento lateral. Dicha teoría, dice, busca la resolución final a un problema saltándose la secuencia lógica del pensamiento. Es decir, si nos estancamos en un problema, la respuesta a la resolución final no se encuentra delante nuestro si no en alguno de los lados de la realidad. Pregunta: ¿si tengo un problema, no es por qué precisamente no obtengo la respuesta dónde quiero y deseo? Pregunta 2: ¿si tengo que observar la respuesta en cualquiera de los dos lados de la realidad, no me suscita otro problema aún mayor? El ser humano, perdone que le diga Sr. Bendelac, no está preparado para tomar decisiones sin consultar los daños colaterales (a no ser que seas la OTAN y la Santa Declaración de los Derechos Humanos esté en un cajón cuya llave la guardó en una ocasión tu madre y ahora no hay nadie que la encuentre. Normal.) Si simulamos la realidad como un cubo, tal y como se desprende de su teoría, el ser humano se siente vástago de la indiferencia y el doloroso tedio del olvido.

Es evidente que, bajo las circunstancias descritas -y uno que se cree filósofo por haber leído a Hume y haber menospreciado a Kant- declare el pensamiento vertical como el menos dañino para el conocimiento humano. (Solo se piensa y, si se piensa, se piensa lo correcto). Pero bajo la supuesta lateralidad del pensamiento se entraña una red de autocompasión y corrección de conducta que empobrece, en mayor o menor medida, la originalidad intrínseca en un ser humano: el pensamiento de la escalera natural.  

Vivo, convivo e incluso comparto mesa con personas de todo rasero social. Pero ninguno tiene un afán de superación personal, sin remodelación y venta al exterior. Una superación por la superación misma. Una superación natural.  Los niños, como tal, son personas que aún no conocen el significado de la palabra persona. No conocen el sentido del compromiso ni del civismo. Un niño, al caer, se levanta porque necesita levantarse. Nadie se lo ha dicho. Nadie se lo ha pedido. Solo es necesidad de superación. Cuando existe un problema, la solución radica en el exterior, evidentemente, ajena al problema que nos ocupa. ¿Qué hace un niño si se le pierde la pelota? ¿Piensa la razón menos irracional del abandono de la pelota? ¡No!. ¿Busca otro juguete para jugar y suplir la pelota? Tampoco. Simplemente llora. Llora porque quiere la pelota. Es su forma de reivindicar que necesita "esa" pelota y no otra cosa. Si pudiera salir corriendo y recoger la pelota, lo haría. Pero, a tenor de la adversidad propia en un niño, se dedica a llorar abanderando su derecho a la necesidad de su pelota.

 Solo he reclamado la necesidad de necesitar superarme. Sin vanaglorias venideras ni triunfos a posteriori. No quiero triunfos al final del camino ni la estúpida idea de que la medalla es la superación en sí misma. Ni siquiera creo que sea válida alguna respuesta al por qué de la necesidad de superación. Es simple necesidad, si es que eso sirve como respuesta. En ocasiones, si me apuras, no es necesario superar un proceso de dolor. Solo será necesario superarlo cuando superarlo sea, estrictamente, necesario. 

Siento que hayas llegado hasta aquí pero, lo avisé al inicio: si estás aquí es bajo tu responsabilidad. Ahora, supera esto.

Odié, odio y odiaré las secciones de autoayuda. No es mi intención que este artículo se haya convertido en eso. Para distinguir un buen argumento de una teoría barata es que, al comienzo del texto de un buen argumento, nunca hay una cita de Tito Lucrecio Caro.

Gnocchi Bob con Setas Dylan

¡Habemus receta! Mayormente, como diría el Sr. Fructuoso Martínez -Fiti, para los amigos-, tengo ganas de comenzar esta sección en el blog. Una sección que tendrá como sobrenombre Cocina para Dummies. En esta sección se incluirán recetas que yo mismo o he creado o bien las he copiado e, incompresiblemente, he llevado a cabo. La garantía de que es sencillo y para principiantes es que, efectivamente, soy yo quien lo está explicando. No es que sea un erudito en la materia, precisamente. En mi relación con la cocina ganan los túpers de mamá, el arroz y toda la variedad de pasta, habida y por haber.

Vamos a abrir la sección, hoy, con una receta muy básica. Esta premisa no implica, en ningún caso, que la conclusión sea que un día incluya una receta compleja.

Gnocchi Bob con Setas Dylan (para dos personas)

Duración: 25 min.
Ingredientes: Gnocchi (o ñoqui), Setas (las del Mercadona valen de sobra), tacos de jamón york, nata líquida, sal y aceite. ** Se puede incluir, al final, mozzarella por encima del plato.
Tema empleado: Like a Rolling Stone, de Bob Dylan.

Primeramente limpiamos las setas para retirar toda la tierra que contengan. Una vez limpias y escurridas, las introducimos en la sartén añadiendo una cucharada sopera de aceite -medida estándar de cualquier abuela que se precie-. (fuego máximo).

A su vez, añadimos agua en una olla, aceite y sal, y esperamos a que empiece a cocer. (fuego máximo).

Cuando las setas, a las que hemos incluido sal, estén hechas, incluimos tacos de jamón york en la sartén, con el fin de que contengan sabor y no se queden fríos. Removemos como si de un sofrito se tratara.

Cuando el agua de la olla esté en su punto máximo de cocción, añadimos los gnocchi y esperamos entre 7-10 min. Hay dos formas de comprobar que los gnocchi se han hecho: o probarlos (método rural) o esperar a que salgan a flote, cual bolas de patata pidiendo auxilio (método tremendamente aburrido).

Finalmente, una vez se hayan hecho, los pasamos por el colador y los escurrimos. De nuevo, los devolveremos a la olla -aun caliente- y añadimos el "revuelto" de setas y jamón de york. Bañamos la olla con nata líquida y echamos, nuevamente, sal. Ahora, en este preciso instante, damos al play de nuestro reproductor y ponemos el tema Like a Rolling Stone, de Bob Dylan. Una vez finalice, tendremos unos verdaderos Gnocchi Bob con Setas Dylan.

¡Que aproveche!