La semana pasada, Dios mediante, me propuse salir a correr todas las mañanas. Había estado leyendo sobre la actitud (que no aptitud) deportiva y los hábitos saludables y, claro, con las fotos de los resultados cualquiera no se anima a ponerse "manos a la obra". Sinceramente, como buen individuo inherente al Estado que promulgo, solo salí el lunes. Los demás días, como bien se puede deducir de un primer intento de algo costoso, fueron el inútil despertar sin motivación alguna. Correr, como decía mi padre, es de cobardes...

El fin de semana, reflexionando sobre los acontecimientos venideros y la estricta verificación de la documentación aportada por un amigüete - si, de "amigüo" ¿qué pasa? - decidí que, o esta semana o nunca. Es un planteamiento nihilista y, a su vez, parco en lo que a ganas se refiere. Bien.

Llegó el lunes y, con el, las no/ganas de hacer nada. Únicamente darme de ostias con la cama. (¿Sabíais que "ostias", escrito con "h" ["hostias"] es el significado de la famosa "ostia" que te daban en la comunión?. No la de tu tío Alfredo cuando se había bebido medio restaurante, bailado con la camarera y besado al tipo de bigote de la Tuna -algún día hablaremos de él y sus diez años de carrera, claro- . No. La "hostia" del cura. ¡La galletita blanca!). Pues me levanté y me fui a correr. O algo parecido. Como por el barrio aún no me conocen demasiado pues solo me señalan y susurran: "Mira, MariMar, Mira. Ese es el chico que me dijo el otro día Bea, la niña de la panadera, que pretende salir por las mañanas a correr. ¿Pero dónde va?. ¡Ay, dios!. Pobrecito. Parece un ninot en estado de cocción".

Al final, llegue a casa sin ayudas de ningún tipo. Ni drogas, ni empujones, ni pancartas, ni ambulancias. Nada de nada. Yo solo. Está claro que, si te lo propones -y estás en mitad de un PAU casi desconocido- llegas a casa ¡por tus santos ***! El día fue largo, pero, yo me sentía bien. Estaba pletórico. Joder, pensé, es el primer día de mi nueva vida.

Martes. Suena el despertador y me levanto. Imagino que mi madre viera esto. Toda su vida pegándose conmigo por las mañanas (ostias y hostias tambien, ¿por qué no?. Una madre lo puede todo) para levantarme a la primera y hoy, mira, hasta yo mismo me he sorprendido. ¿Soy yo este que se levanta y se viste, cual Espartano, para salir a la batalla invernal?. Luego me miro fielmente y si, soy yo, poniéndome el pantalón del revés y una zapatilla de cada clase. (Incluyendo la de "andar por casa" para el pie izquierdo). Me he ido y ya he vuelto. Sano y salvo. Más recorrido en el mismo tiempo. He desayunado como un campéon -como Rafa Nadal y Dani Pedrosa en el anuncio de colacao que hace tiempo ponían en la tele- y ahora me preparo ya para la verdadera batalla. Días duros los martes. Días duros...

Os seguiré informando de los progresos. Progresos, eso sí, a paso de tortuga...

¡Saludos!

PD: Os dejo, aquí, el famoso los famosos anuncio del que os he hablado. ¡Pero que "pessiosso" es recordar!

http://www.youtube.com/watch?v=povH8q7QFmM

http://www.youtube.com/watch?v=0RY990OcCuU