Me encanta Madrid. Es la ecuación perfecta de un cúmulo de intenciones. Hoy he sacado algo de tiempo para pasear, entre faena y faena, por un Madrid de lo más castizo. Un Madrid a 12º : pues aún no sé bien si quitarme el abrigo y parecer un soviético llamado Nikolv en pleno descanso estival o, por el contrario, ponerme el abrigo y parecer, directamente, gilipollas. He paseado, con mi estupidez supina -y madrileña, claro- por la calle de San Bernardo, la calle de la Palma, la Glorieta de Quevedo, la calle del General Martínez Campos, Zurbano, etc.

Una vez escuché a Joaquín Sabina decir, en un programa de radio, que uno no es de Madrid hasta que la ciudad entra en él. Pues, amigos, a mi he adelantado por la tangente. Voy camino de la calle Fuencarral. Atravieso la calle de Carranza y pienso: "Vaya. ¿Me pertenece acaso esta calle únicamente por la genealogía evidente?". Durante varios minutos he estudiado la mejor manera de hacer que todos aquellos vi-andantes, en el preciso instante en el que yo atraviesa la vía, se arrodillen ante mí. Soy el heredero. Luego, un turco-mexicano me ha despertado de la ensoñación: ¿Keebap, amico?. No. ¿No?, ¿frijoles quizá? Menudo pluriempleo.

A lo que estamos. Voy caminando por mi calle cuando, de repente, una batería en un escaparate llama mi atención. Está genial. ¡Anda, coño, si es un pub! Bonita decoración. ¡Y original! Así rollo musical, ambiente tranquilo y dos ancianos que salen defendiendo al árbitro que ayer condujo el partido del FC.Barcelona contra el Arsenal: "¿Qué sabrán ellos?" Sentenciaba uno de los dos. El menos asfixiado, evidentemente. Mi sorpresa apareció cuando, sin comerlo ni beberlo -y mucho menos beberlo- leo en la entrada: "Pub Strawberry Fields". Y recapacito una expresión madeinmadrizz: ¿Qué me estás contando? (No. No. Tu no. Gracias turco-mexicano) ¿Strawberry Fields? ¿Strawberry Fields Forever? ¿Los Beatles en mi calle? ¿El diario de la niñez de Lennon en el nº11 de esta, mi calle? Increíble, pero cierto.He seguido andando porque ya llegaba tarde -deporte olímpico de la Villa de Madrid-. Inevitablemente he ido cantando, en voz baja, la canción que los Beatles diseñaron para mí. Agradecido y emocionado.

 

Al final llego a mi destino. Por cuestiones que ahora mismo no vienen al caso -porque ni quiero, ni debo, ni pretendo- termino en la terraza del edificio en cuestión. Allí, me apoyo en mi cámara Pentax -de la cual, aún a día de hoy, sigo pensando que tiene nombre de fármaco antivírico [Tome, María Dolores, le receto una cajita de Pentax. Una por la mañana y otra antes de dormir. Y salude a Don Antonio de mi parte ¡que hace tiempo que no viene por aquí!]-. Como le digo al caballero que me acompaña, no es que tenga grandes vistas, sinceramente. De hecho, el edificio de enfrente es más alto y dificulta, notablemente, unas vistas dignas de postal. Pero me gusta lo que veo. Me gusta ver y descubrir, entre cubiertas, chimeneas y antenas, algún que otro edificio. Pero, sin duda alguna, lo que me encanta de verdad -de la güena, güena- es verlos de cerca y a la misma altura. Es la sensación extraña de estar mirándole a la cara a un gigante sin compasión. Te sientes pequeño. Quizá más pequeño de lo que realmente es ya uno. Te gustaría pararte únicamente a mirar. Mirar como las sombras de los tejados desaparecen. El tiempo pasa y ellos, monstruos de hierro implacables, ni se inmutan. Al menos tengo la certeza que ellos dominan el arte del conocimiento y perciben, perfectamente, a qué sabe Madrid.

 

Strawberry Fields Forever (The Beatles): http://www.youtube.com/watch?v=S7uBrx5aJ20&feature=related

Madrid. (Pereza) *El vídeo está muy conseguido. Merece la pena verlo:  http://www.youtube.com/watch?v=Zii4oPv4Iw8&feature=related